ODISEA Revista personal de revistas...





 

Odisea

GILBERTO RENDÓN ORTIZ HOME PAGE 

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D.R. (2010)

 

Notas de literatura infantil

Escribir para niños 

Tachtli

Libros favoritos

Literatura soviética para niños

  

Tachtli







Treinta años de Grillito Socoyote en el Circo de Pulgas y Otros Cuentos de Animales,
 Tachtli

 

Crítica de libros: Alba Nora Martínez 
Ciencia y espadas en la Nueva España  

    
 Odisea  
Revista personal de revistas   Año III, No 3
Ideas para hacer crecer

Suplemento para chicos y grandes          

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El regreso de la vieja bruja pedagógica. 

El arribo del siglo XXI ha significado para la Literatura que se escribe en México para niños y jóvenes,  el reencuentro con una vieja fea y gruñona, una verdadera bruja que algunas editoriales están reanimando con viejas piezas de repuesto, un nuevo Frankestein con ropaje pedagógico.

 

La literatura de divulgación es uno de los puntuales de la civilización humana. Tanto la Cyclopaedia inglesa como la Enciclopedia francesa, por ejemplo, fueron el detonante del siglo de las luces y la revolución industrial. Por lo mismo nunca dejaría de reclamar la necesidad de que los niños y los jóvenes accedan a libros informativos y de divulgación de las ciencias y la técnica.

Vivo en México y me doy cuenta de qué pie cojea este país y, por lo mismo, quisiera que el libro técnico y de ciencias fuera una prioridad en manos de los niños y los jóvenes.

Pero una cosa es el libro científico y la literatura de divulgación y otro asunto muy distinto una obra literaria preparada para satisfacer las necesidades escolares de distintas escuelas que pretenden disfrazar su bajísimo nivel académico con programas de lectura, computación, robots, futbol americano y otros atractivos. Y no me refiero a las escuelas públicas, ciertamente.

El problema (es un problema) lo mencioné hace algunos años (junio de 2003) en un discurso para agradecer a Imagen y palabra una distinción que recibí de parte de esta asociación de escritores e ilustradores de libros para niños y jóvenes. Recuerdo haber señalado el peligro de que tanto la escuela como la Secretaría de Educación Pública pudieran volver a marcar los rumbos de la literatura para niños en México. Comenzaba entonces el programa de Bibliotecas escolares y de aula y estaba claro que la selección de títulos literarios obedecería finalmente a criterios educativos (inclusive pasando sobre el amiguismo y la falta de objetivos que han marcado el proceso).

La LIJ en México se había librado recién a finales de los años setenta del siglo XX de las pretensiones educadoras de los escritores de libros para niños, pero ya en el fin del siglo, distintas editoriales, como Alfaguara (la menciono por tener a la mano un folleto suyo de esa época), en su afán de ganar el mercado de las escuelas particulares, empezaban a marcar en su catálogo los valores educativos que cumplían libros como Las brujas de Roal Dahl, por ejemplo.

Este es un libro magnífico, basta leerlo sin apremios didácticos para sacar de él muchas cosas, en particular el gusto de leer; pero la escuela no lo puede entender y la editorial, para no dejar el mercado a otra editorial más complaciente, no tarda en señalar los valores del libro, el interés de Las brujas en la formación del niño y la guía didáctica para el salón de clases. Y así se ha ido haciendo una bola de nieve, porque, por otro lado, el gran comprador de libros, la Secretaría de Educación Pública, también da una gran importancia a los valores educativos del cuento o la novela para niños. Y no sólo eso, sino que tiene sus propios objetivos para modelar a través del cuento infantil, la clase de ciudadanos que el país necesita, de suerte que las editoriales se ven obligadas a presentar las propuestas que mejor se acomoden a las pretensiones de la SEP. Por supuesto, nadie cree en la SEP, nadie piensa que sus criterios sean los correctos, pero es un mercado tan importante que ha traído a México a editoriales de todo el mundo a competir por él. 

Me consta que algunos editores que hace unos años parecían tener un amplio criterio, hoy prefieren publicar los cuentos que parecen tener mejores posibilidades didácticas en la escuela, antes que una obra netamente literaria. Se trata de revivir a la vieja bruja pedagógica.

 
Lo relevante en esta cuestión es que el libro para niños y jóvenes goza actualmente de una gran madurez y muchos de los títulos que tratan temas sugeridos o apetecidos por la escuela, son obras literarias que no se traicionan, ni caen en el didactismo. El didactismo es de algunos editores que para aceptar un texto se ajustan a los requerimientos escolares y juzgan las posibilidades pedagógicas de una obra antes que las literarias.

La literatura de divulgación también forma lectores y debería contar con espacios en el salón de clases, pero al cuento para niños hay que dejarlo volar libremente sin apremios didácticos, sin ataduras extraliterarias, porque el vuelo libre de la imaginación es la esencia de la literatura infantil y juvenil.  ¡Fuera la vieja pedagogía de la LIJ!

 

   

 


 

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Artículo central 

Zazaniles

  

 Un hermoso texto de la escritora Elena Dreser con la idea de implementar una nueva estrategia para formar verdaderos lectores. El mismo fue presentado por la escritora en abril de 2007 en la ciudad de Quito, Ecuador, ante la Academia Ecuatoriana de Literatura Infantil y Juvenil. Lo reproduzco con su autorización. Recientemente basado en él, presentamos un proyecto en Cuautla, Morelos, para regalar a los niños Un libro para atesorar.
 
 

Una raya

 

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